miércoles, 13 de enero de 2016

Método de resolución de conflictos


Un método es un procedimiento que se sigue para conseguir algo, o bien un modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado.

Por tanto el método de resolución de conflictos es el procedimiento a seguir por todos, de forma coherente, para conseguir solucionar cualquier conflicto entre alumnos.

Al igual que instamos a los niños a hacer determinadas cosas (sentarse correctamente, formar fila, hacer tareas…), también podemos pedirles hacer sentir bien a otros niños, poner en práctica un método para resolver conflictos, mostrar cariño, solucionar diferencias sin enfados, expresar emociones en su momento y forma, etc.

Todo comienzo cuesta, y aprender e implementar cosas nuevas a veces se hace cuesta arriba, sobre todo cuando confluyen formas de pensar distintas. 

Es necesario insistir que después de trabajar de una forma determinada (el esfuerzo), con el tiempo se adquieren hábitos de trabajo, y estos se configurarán en automatismos (actuación automática), al realizarse de manera continuada… pero, para expresar conductas aprendidas de manera natural, toda la comunidad escolar deberá trabajar en la misma línea (padres, maestros y centro educativo… así como quienes traten directa o indirectamente con los niños).

Si los padres no colaboran desde casa, o no están muy convencidos por cualquier motivo, es muy fácil que el niño/a no use el método, o bien lo haga incorrectamente.

El método es muy sencillo. 3 son sus pasos:
  1. Soltar la emoción, expresarla hacia algo (nunca hacia nadie). Escuchar ambas partes.
  2. Expresar el sentir de cada uno (usando el cariño, hablando en primera persona, uno frente al otro, mirando a los ojos y sin perder el contacto visual)
  3. Frase reparadora.
 
El método de resolución de conflictos con mediador

1º. Previo a este paso es necesario que el brote emocional haya sido atenuado para poder acceder al razonamiento (expresar el dolor, gritar, llorar, apretar algo con fuerza, contar hasta 10...; ver el apartado de "expresión emocional" de más adelante). Posteriormente preguntamos a cada oponente su visión del conflicto en cuestión. Todas las versiones serán expresadas y escuchadas. El mediador debe hacer saber a ambas partes que tienen este derecho y su propio tiempo para hacerlo. En el caso de que estén alterados, es necesario calmar la situación previamente y hablarles con firmeza, pero con cariño. Esperaremos unos instantes hasta que la situación se normalice y así poder volver a abrir el canal perceptivo racional de los involucrados. Después, cada uno expresará los hechos o intereses, por turnos, en primera persona y mirando siempre a los ojos de la persona (es la vía de acceso al subconsciente) con quien tiene el conflicto. La parte contraria, por su parte escuchará sin interrumpir, sosteniendo la mirada y tratando de mostrar interés por las explicaciones prestadas. 

2º. Una vez expuestas las dos versiones, el educador-mediador reconduce la situación para que cada uno exprese su sentir al otro, en primera persona nuevamente, y anteponiendo la siguiente “frase mágica”:
Me he sentido mal cuando/ porque...

Para ello se sitúan enfrentados a una distancia de menos de 40 centímetros entre uno y otro, mirándose a los ojos y evitando siempre juicios innecesarios. El mediador instará a hacerlo de esta manera, tantas veces como sea necesario.

3º. Una vez se hayan expresado los motivos por los que se han hecho sentir mal, decir una frase reparadora, como:  
“No quería hacerte sentir mal”
“No era mi intención hacerte sentir mal”
"...pero me dejé llevar por la rabia porque/ cuando me hiciste/ dijiste..."


Esperar o decir simplemente “perdón” no soluciona mucho, no implica aceptación y entendimiento de la postura opuesta, sino sentimiento de culpa.
Luego se intercambiarán los papeles.
El resultado es realmente gratificante. Una mediación positiva, realizada desde el cariño, puede convertir una situación sumamente tensa en otra completamente distendida. El enfado se disipa y los niños vuelven a su actividad, como si el incidente nunca hubiese ocurrido.
Un elemento de ayuda es colocar la mano de quien está hablando en el hombro de la otra persona, pues este acto supone un refuerzo al mensaje oral o anclaje positivo (Programación Neurolingüística o PNL).
   
Muy importante, mediador: Las pasos de este proceso de mediación deben respetarse fielmente. Debemos prever el tiempo suficiente para llevarlos a cabo y resolver el conflicto. Interrumpirlo o posponerlo podría agravar la situación. 

Al principio cuesta implementar estas pautas de conducta, pero una vez establecidas, se adquieren hábitos correctos, que los niños aplican por iniciativa propia en sus continuos desacuerdos, sin necesidad de mediador. Mi experiencia en este tipo de actuaciones, dicta que dichos hábitos se consiguen adquirir después de meses de continuas prácticas, mas una vez fijados el aprendizaje es duradero. 

A modo de resumen (Resolución Óptima de conflictos):




Los resultados son extraordinarios

En ocasiones, y sobre todo en el caso de niños mayores (a partir de 10 años), la situación puede complicarse por la confluencia de otros factores ajenos a la propia disputa y no conseguir una mediación. Tal vez incluso, el desencuentro haya desembocado en una agresión o violencia verbal extrema. Llegado a este caso, y no viéndonos capaces de dar solución inmediata viable, con toda calma esperaremos a que las emociones afloradas bajen de intensidad, manteniendo a los implicados en la realización de alguna tarea conjunta, sentados… o incluso, animarles a que formulen su propia forma de solucionar el conflicto. Ellos lo pueden solucionar si tú crees en ellos.

En ausencia de iniciativas o negación a hablar o actuar, debemos hacedles saber que no seremos capaces de ayudarles si no permiten nuestra intervención, e informarles que no abandonarán el lugar ni realizarán actividad alguna, si el conflicto no es resuelto. Una vez entienden que todo desacuerdo ha de ser solventado y no postergado o guardado, poco a poco irán siendo cada vez más accesibles y conscientes de controlar y gestionar sus acciones, resultado de sus emociones.


La expresión emocional

Siempre que hay un conflicto existe una emoción que subyace: un comentario o una acción (intencionada o no) malinterpretada como una agresión hacia uno mismo, sin motivo aparente, que produce una reacción de “rabia”.

Algunos niños expresan la rabia de forma violenta, devolviendo el golpe, el insulto… otros simplemente callan, pero el dolor emocional queda y, como un vaso que se llena poco a poco, llega un momento que, completamente lleno, se desborda dando lugar a acciones  y conductas inadecuadas o poco deseables (introversión, apatía, asocial…).

En ocasiones, cuando la rabia o ira no puede ser expresada por el niño, se abre paso la tristeza a través de las lágrimas. Es muy importante entender que tras la emoción de tristeza se encuentra la rabia no expresada. El dolor de algo que no ha sido entendido.

Por ello, debemos fomentar en el aula técnicas que favorezcan la expresión de las emociones, principalmente la ira o rabia. Un ejemplo sería el uso de un cojín sobre el que el niño pueda gritar, e incluso, apretar para manifestar sus emociones, principalmente la ira o rabia. Deberá estar ubicado en un sitio visible y accesible. Lo podemos llamar el cojín de la rabia. Si no tenemos el cojín cerca, el niño puede usar la manga de un abrigo, una mochila… algo acolchado y cercano. Es prioritario que las emociones emerjan, máxime las menos saludables y dañinas como la ira o rabia.

El sentimiento de rabia es comparable al martillo que falla el golpe y acierta en el dedo que sostiene el clavo. El dolor no puede ocultarse e inmediatamente se expresa. Igualmente, la rabia debería salir, gritar si es preciso… pero ésta es una conducta socialmente poco o nada aceptada, así la tendencia es ocultarla, dar muestras de “valentía”, no llorar, sin quejas, ¿qué dirán?…

Lo incorrecto no es sentir rabia, sino ciertas maneras de expresarla.

Debemos aprender a canalizar esta emoción y dirigirla hacia un objeto neutro (el cojín). Permitir que la emoción se exteriorice y pierda fuerza, para después abordar la causa del conflicto que ha provocado dicha emoción con un método resolutivo.

La mayoría de conflictos presentes en el entorno escolar suelen derivarse de situaciones, acciones y comentarios mal interpretados: “me ha golpeado adrede”, “fue sin querer”, “no puedo confiar en él”, “se ha reído de mí”… Saber qué pensó, dijo o quiso hacer o decir la otra persona es un comienzo. Una vez que el desacuerdo o conflicto se ha dado, tenemos que intentar hacer ver a la otra persona cómo su acción o comentario ha hecho sentir, desestimando la intencionalidad y fomentar que la otra persona pueda neutralizar su acción con otra compensatoria.

La intención es cambiar la conciencia, la forma de resolver las cosas… al menos demos la oportunidad a la otra persona para expresarse, que explique su punto de vista, o se disculpe llegado el caso… pues si alguien nos hace daño y reaccionamos de igual modo, insultando o devolviendo el golpe, no solo no estaremos resolviendo le conflicto, sino que lo estaremos agravando. 

No se trata de quién o cómo ha empezado, sino de pararlo y disolverlo. Todos tenemos la capacidad de elegir. Elijamos ser conscientes y consecuentes con nuestras acciones y emociones.
“Dos no se pegan o discuten si uno no quiere”


La mediación

El educador actuará de mediador cuando las posiciones sean irreconciliables. Las reglas básicas de actuación son claras: Nunca se posicionará abiertamente por ninguna de las partes. Su enfoque será pasivo y vigilante para que la situación no se descontrole. Animará a los oponentes a moderar sus expresiones emocionales, comunicarse razonablemente y en primera persona (“yo me sentí mal porque…, cuando…”, nunca “ese niño me empujó, me dijo…, él me gritó y…”), pero siempre con cariño.

Insistiré una vez más: Coherencia.

Los procesos de mediación deben ser similares en todos los contextos, es muy importante actuar de la misma manera tanto en el colegio, en casa, en el parque… y no dar pie a patrones disruptivos. Nuestra prioridad es evitar que una emoción no expresada se anquilose y quede programada, solucionando los conflictos en el momento que se producen. 

El niño tiene que comprender que, para encontrar el punto medio o neutralidad ante una acción negativa, se debe realizar una positiva. Que ante una conducta que ha provocado malestar debe seguirle otra que produzca bienestar. 

La importancia de la figura del mediador radica en hacer entender a la persona que ha molestado o agredido que no ha actuado correctamente, y de las alternativas disponibles para solucionar las frustraciones, inquietudes o emociones negativas, sin que afecten a nadie. Las emociones deben expresarse, pero otras personas no son el vehículo adecuado. Desahogarse con un cojín carente de vida y emoción es positivo. Éste nunca devuelve las voces ni los golpes. Sin embargo la cosa cambia cuando el destinatario de la expresión emocional es alguien que merece respeto y consideración y que además… puede responder… aumentando el problema.

Tenemos que generar hábitos de pensamiento lógico antes de actuar.

La mediación siempre será una semilla que dejaremos en la mente del niño que no olvidará, sobre todo después de haber desarrollado un hábito de resolución de conflictos duradero. Por nuestra parte, la paciencia es una cualidad que tenemos que desarrollar, sobre todo en los casos más difíciles, pues si supiésemos la historia que subyace a veces tras un mal comportamiento, no cuestionaríamos jamás nuestros esfuerzos. Hay muchos corazones que anhelan que su llamada sea escuchada:
“Quiéreme cuando menos me lo merezca,
porque será cuando más lo necesite”.

Todos somos responsables de nuestras acciones y circunstancias, nunca culpables.


 
La estabilidad de una banqueta requiere de al menos 3 patas

Para que el método sea útil y provoque un automatismo en el niño, debemos aplicarlo todas las personas que estemos alrededor de éste.

Una banqueta puede servirnos como buen ejemplo análogo de estabilidad y equilibrio: Una banqueta es estable dado sus 3 puntos de apoyo principales o patas, en nuestro caso: los padres (1ª pata), el maestro (2ª pata) y el contexto escolar-colegio (3ª pata). Si además, podemos contar con un número indefinido de apoyos adicionales (familiares, amigos, distintos profesionales… involucrados directa o indirectamente en la educación del niño), podremos sumar una 4ª pata conformada por el conjunto de estos últimos. La física clásica nos advierte que si quitásemos una pata de las 4, la estabilidad del taburete se vería afectada, aunque continuaría sosteniéndose, pero si suprimiésemos 2 patas, la estabilidad se vería seriamente comprometida y la banqueta se volvería inestable.

En el aula un maestro no puede, ni debe trabajar solo, su trabajo debe ser apoyado y complementado por el resto del profesorado (especialistas y tutores de igual línea), padres e instituciones para alcanzar objetivos significativos y que perduren en el tiempo.

Aplicar el método es fácil, pues su implementación es novedosa, atractiva y, según qué situación, incluso divertida. Bien utilizado, ayuda a eliminar tensiones, malentendidos y enfados haciendo que los implicados en el conflicto se sientan bien. Pero, ¿qué hacer con aquellos niños y niñas que a expensas del método y la buena voluntad del educador inciden en conductas de otro modo reprendidas o castigadas?

Este es un punto importante, dado que quienes sí lo aplican, pueden decidir no hacerlo y volver a solucionar los conflictos por medios propios, al sentirse poco respetados y agredidos de forma continuada.

Si Carlos pega a Juan una vez y aplican el método, y Carlos vuelve a pegar a Juan, aplicándose nuevamente el método, y otro día, Carlos de nuevo pega a Juan… claramente hay algo que falla. Probablemente Carlos no haya entendido que el objetivo final del método sea cambiar la forma de percibir los conflictos y modificar las distintas maneras de actuar, o puede que se sirva del método para no ser reprendido o castigado, consecuencias finales de su conducta, si se recurre a otras vías de resolución de conflictos. En este tipo de casos el educador deberá modificar su estrategia a un enfoque distinto: acción-consecuencia. Es decir, éste informará a los niños que dispondrán de un número limitado de oportunidades de utilizar correctamente el método (3 por ejemplo), en caso contrario, éste quedará excluido del ámbito de implementación del método, quedando automáticamente a expensas del uso de otros más convencionales (acciones correctivas, privaciones de recreos, copiar…).

El cariño y la “libertad” de expresión no están reñidas con el respeto. Aunque pueda parecer que el método puede descontrolar las dinámicas de aprendizaje en el aula, una interacción abierta y transparente de las emociones puede marcar la diferencia en una educación de calidad.

El método tiene que ser aplicado tanto en casa como en el centro educativo. Funciona al 100%, ya está probado, pero si no se adquieren hábitos adecuados y se desarrolla un trabajo cooperativo entre todos los educadores, no alcanzaremos su objetivo.


Un ejemplo de aplicación en el aula

Como ejemplo, a continuación desarrollo una breve exposición del método de resolución de conflictos para trabajar en el aula (aunque hay muchas más opciones).

El ámbito de aplicación de método no se reduce al uso del mismo en situaciones de conflicto o desencuentros, sino que pretende ser un punto de inflexión en el aprendizaje del control y la gestión emocional del niño.

El niño deberá entender previamente que es relativamente fácil salir del método, (al agotar las 3 oportunidades dadas), pero será bastante más difícil retornar a él, dado que deberá demostrar su compromiso personal con el método para poder volver a participar en el mismo.

Estar en el método implica contemplar ciertas normas: 
  • Utilizarlo cuando hay un conflicto (el cariño será la base de cualquier problema).
  • Cuando se terminan las tareas se utiliza el momento de juego, rincones de juego o trabajo, juego libre (dentro de unas pautas)...
  • Dentro del aula se puede trabajar en grupo.
  • Se puede ir al baño siempre que lo necesite, y siempre de uno en uno.
  • Que los padres o familiares desde casa lo apliquen de igual forma, informando de cualquier conflicto que no resuelto o de cualquier otra incidencia o preocupación al maestro/a, para que éste colabore en su resolución. No debe quedar ningún conflicto sin tratar.

Estar fuera del método implica la aplicación de otros recursos convencionales, así como las normas implícitas en el Reglamento de Régimen Interior del centro (RRI):
  • Ante un conflicto el maestro/a ejercerá su autoridad por vías convencionales (acciones correctivas, reprimenda, amonestación).
  • Cuando se terminan las tareas no hay momento de juego, hay trabajo de aula (de refuerzo o ampliación).
  • Dentro del aula tiene que trabajar solo/a.
  • Sólo se puede ir al baño entre clase y clase.
  • Los padres serán informados de cualquier amonestación o falta, pudiendo ser citados por el tutor/a para corregir la actitud amonestada.
Que el maestro/a saque a un alumno del método, no debe verse como un castigo sino como una experiencia de contraste que el niño debe valorar por sí mismo.

Así mismo es de vital importancia, que aunque un niño determinado no se encuentre dentro del método, el maestro/a continúe tratándole con idéntico cariño que al resto de alumnos, con respeto, aunque con determinación y firmeza, pues en definitiva, él es quien, a través de sus acciones, eligió qué método debía ser aplicado con él.
   
¿Cómo entrar de nuevo a formar parte del método? El maestro/a deberá valorar si el alumno quiere formar parte del método o no. Además es esencial que los padres estén de acuerdo y participen desde casa, pues de otra forma se incurriría en formas de actuación diferentes y será muy fácil que el niño agote sus tres oportunidades y salga del método. Sería como sentarse en una banqueta de dos patas, un asiento inestable, que no se sostiene por sí mismo.

Nosotros los maestros y profesores participamos de forma temporal en la vida de nuestros alumnos. Los padres serán quienes verán la evolución y transformación de sus hijos en adultos. Ellos, por tanto deben elegir con objetividad qué tipo de educación es afín a sus expectativas, aunque deberán ser cautelosos con éstas, pues los niños suelen tender a cumplirlas fielmente.

No obstante, si se diese una falta de colaboración desde casa, el niño/a puede por su parte tratar de ponerlo en práctica. Tiene derecho a probar y mantenerse en él, pues en definitiva, son las acciones y no las palabras las que lograrán convencerle sobre sus beneficios. Entender las diferencias individuales de cada niño, sus preferencias y distintos ritmos de aprendizaje y expresión forman parte del método. 

Es el alumno/a quien decide en última instancia estar dentro o fuera del método.

No debemos olvidar que cuando un niño actúa de una determinada manera, o no usa el método de forma adecuada, puede ser una llamada de atención, motivada por la falta de apoyo en casa, o bien porque ha aprendido formas distintas de resolver discrepancias (aprendizaje vicario) y no sabe hacerlo de otra forma… Debemos tener en cuenta SIEMPRE que un niño puede aprender nuevas conductuas, y que nosotros, como maestros, DEBEMOS DE SER UN MODELO A SEGUIR por ellos. 

A lo largo de la historia de la humanidad, NUNCA se ha resuelto nada con la violencia, la única forma de cambiar actitudes y conductas es a través del autoconvencimiento, la comprensión, del cariño…

Si los educadores tuviésemos la oportunidad de trabajar de manera multidisciplinar y coherente con médicos, psicólogos, pedagogos, políticos, administradores, empresarios, etc… nuestra sociedad evolucionaría en todos los sentidos… los niños representan el futuro y son quienes recogerán de nuestra mano el testigo que continúe con nuestra labor.


El niño como persona de esta sociedad

Un niño puede aportar grandes cosas en la vida de aquellos que nos reconocemos como adultos: alegría, perseverancia, ilusión, curiosidad… habilidades y actitudes en ocasiones olvidadas o poco desarrolladas. Integremos al niño como al miembro más joven, pero de pleno derecho, en la sociedad en la que vivimos.



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lunes, 4 de enero de 2016

La importancia de la madre

Según una creencia budista cuando un alma decide encarnar en un cuerpo físico para vivir una experiencia humana precisa de otra alma generosa encarnada previamente que le facilite este tránsito. Y si bien a este acto la biología le ha restado relevancia, explicándolo en las aulas como el proceso germinal y embrionario producido naturalmente durante la gestación de un ser humano, los budistas afirman que dicho proceso no es tan llano como la ciencia explica. Así es como, en la inmensidad de la creación universal, el ser humano busca ser alumbrado por otra alma, a la que amorosamente se le llama madre.


En nuestra experiencia terrenal, el papel fundamental de la madre no termina con el alumbramiento, sino que se extiende durante toda la vida del nuevo ser humano, proporcionándole cuidados y alimento, fundamentalmente durante la infancia de éste, con dedicación más o menos plena y de manera completamente altruista.

Desde una perspectiva biológica y social, la madre es el referente de mayor influencia en el niño desde su nacimiento hasta los 6/7 años. Ella será con quien el niño establezca un vínculo de apego, primordial para su interacción con el medio próximo que le rodea. Mayormente, ella es la protectora, la sustentadora de alimento, quien atenderá todas y cada una de las necesidades básicas del pequeño, ya sean físicas o emocionales. Así, de igual modo, he de mencionar que durante esta primera infancia la figura del padre es esencial, pero secundaria. Su actuación cobrará especial importancia en un periodo posterior de la infancia del niño, a partir de los 7 años aproximadamente. Él será quien, real o metafóricamente hablando, exponga al pequeño al mundo social. El padre acompañará sus aprendizajes dirigidos a la comprensión y actuación en el medio externo al entorno familiar.

Realmente la representación y función de ambos progenitores ha sido ampliamente debatida, atendiendo a diferentes épocas y contextos sociales, culturales, religiosos, económicos e incluso políticos, si bien desde mi punto de vista, dos son los enfoques sobre los que se centra la atención de esta cuestión: uno atendiendo a aspectos básicos de la biología del ser humano y un segundo referido a la implicación social del individuo.

De forma fácil de entender, desde la lente de la biología, nuestra conducta como especie no debería diferir de otras análogas en el medio natural. Si nos remontamos a la época de las cavernas, la mujer permanecía resguardada en la cueva alimentando, instruyendo y protegiendo a sus hijos, mientras que el padre salía al exterior en busca de caza, ahuyentaba depredadores y garantizaba la seguridad de los suyos frente a clanes rivales. Cuando el niño alcanzaba una edad en la que su fortaleza, habilidad y agilidad le permitían acompañar al padre, éste era quien tomaba las riendas de la formación de su hijo. Por tanto, la acción conjunta de ambos progenitores, aseguraban la supervivencia de su descendencia.

A medida que el hombre evolucionaba y establecía cada vez estructuras sociales más complejas, las funciones de ambos progenitores han ido variando, especializando y adaptándose al contexto en el que se desarrollan. Así de forma generalizada se establecieron roles propiamente femeninos y masculinos, que aseguraban igualmente la supervivencia de sus vástagos, y los cuales han mutado en la misma medida en que una sociedad concreta cambia o evoluciona con el tiempo.

Numerosos estudios apuntan que son los primeros 6 años de un niño los que conformarán de manera casi inmutable los cimientos del importante edificio que sustentará su personalidad y conductas futuras, por ello debo hacer hincapié en la figura de la madre. Ella es la fuente de referencia más cercana y principal de la que el niño beberá…
   
Pero además debo añadir otro dato de mayor relevancia aún, si cabe. Según actuales disciplinas de investigación como la Bioneuroemoción® (Enric Corbera), Descodificación Biológica, Desprogramación Biológica (Ryke Geerd Hamer, Marc Fréchet, Groddeck y Claude Sabbah…) y destacados investigadores del campo de la psicología como Anne Schutzenberger, afirman que distintos patrones de conducta e información, de los cuales el niño será receptor, se fraguan antes incluso del nacimiento de éste, unos 9 meses aproximadamente antes de su concepción. Será pues, desde este momento, donde pondremos especial atención y de manera particular al entorno y circunstancias que rodeen a la futura madre, ya que serán sus experiencias vividas con alta carga emocional las que condicionarán la personalidad y patrones conductuales de su bebé. Al periodo de tiempo trascurrido desde los 9 meses anteriores a la concepción, la gestación, el nacimiento y las condiciones que rodearon a éste, así como los 36 meses posteriores al alumbramiento es definido como Proyecto Sentido.

Toda la información que procese la madre, máxime si es acompañada de emociones tales como rabia, miedo, ira, tristeza, asco… se registran a nivel celular siendo trasmitidas de manera irremediable al bebé. En los primeros años de vida del niño serán los receptores insertados en la membrana celular de cada célula corporal del niño, los que perciban la información del medio externo (véase investigaciones sobre epigenética realizadas por el Dr. Bruce Lipton). Así y teniendo en cuenta estos datos, no debemos desestimar ningún detalle del Proyecto Sentido de nuestros hijos.

Que una persona adulta no consiga evocar de forma consciente ciertos recuerdos, no significa que estos no existan o hayan desaparecido. Muy al contrario, como ya he mencionado, hechos ocurridos y almacenados en la memoria con alto componente emocional, pueden haber sido bloqueados o reprimidos, y condicionar nuestra vida de forma significativa. Por ello sirva este apartado para hacer un llamamiento a las madres, fundamentalmente, para que relaten abierta y sinceramente cuantos hechos relevantes hayan ocurrido durante el Proyecto Sentido de sus hijos, con el fin de ayudarles a comprender e integrar aspectos fundamentales de su periodo infantil que puedan ocasionar o estén ocasionándoles serios problemas en su etapa adulta.

El miedo, la vergüenza o la culpa no deben ser obstáculo para tomar esta decisión. Estas emociones coartan nuestra evolución y nos dañan. No seamos nuestros propios jueces y verdugos. Expresemos nuestras emociones. Con seguridad sentiremos que nuestra carga es más liviana y evitaremos que nuestros hijos la hereden.

Te invito a que compartas tus emociones ocultas con tu hijo. Cuanto más pequeño sea, tanto mejor, aunque creas que no tiene capacidad para entender tus palabras, recuerda que su mente subconsciente lo registra y entiende todo. Si el niño tiene una edad que pueda comprender tus explicaciones y temes su reacción, mi sugerencia es que le hables directamente a su subconsciente, cuando su mente consciente esté relajada, pero aún receptiva.

Madres, sed valientes.
Seámoslo todos. 

Expresemos nuestras emociones.



Para más información, puedes remitirte al libro escrito por mí y que desarrolla de una forma más amplia todas mis investigaciones hechas hasta el momento:

domingo, 20 de diciembre de 2015

Las emociones

El ser humano se diferencia del resto de seres vivos que pueblan la superficie del planeta, le caracteriza su increíble capacidad de razonamiento, comunicación y adaptación, pero esta descripción no estaría completa si no mencionase que además el hombre es un ser puramente emocional.

Abre la puerta de tus emociones


La emoción es un proceso en el que intervienen diferentes estímulos relevantes o condiciones que lo desencadena, que implica diversos niveles de procesamiento cognitivo, como los procesos valorativos, cambios fisiológicos o de activación y expresión emocional. Dicho proceso condicionará nuestra actuación o mecanismos para afrontar una situación determinada.

Esta última consideración pone de manifiesto una de las tres principales funciones de la emoción: la adaptativa. Pero además, la emoción cumple otras dos funciones, una social, dado que comunican nuestro estado de ánimo, y otra motivacional, ya que facilitan conductas motivadas.

Seis son consideradas emociones primarias por emerger en los primeros momentos de nuestra vida, y de las que derivarán muchas otras (Ekman, 1992, 2003):

MIEDO – IRA – TRISTEZA – ASCO – SORPRESA - ALEGRÍA

Existe otra serie de emociones secundarias (culpa, vergüenza, orgullo, celos...) que no derivan de éstas y que son fruto de la socialización y del desarrollo de capacidades cognitivas del sujeto. Este tipo de emociones también son llamadas sociales o autoconscientes dado que tienen que ver con la aparición de la identidad personal, la internalización de ciertas normas sociales (qué está bien y qué mal) y la capacidad de evaluar ambas.

Como padres y educadores tenemos un papel de especial relevancia en la socialización y desarrollo madurativo de los niños. Debemos atender, entender, canalizar y gestionar las emociones de los mismos adecuadamente para potenciar sus cualidades y preservar su estado óptimo de salud física y mental.

Debemos diferenciar la emoción de sentimiento. El sentimiento es la experiencia subjetiva de la emoción, es decir, la evaluación que el sujeto realiza cuando se enfrenta a una situación. Un sentimiento es la confluencia de un pensamiento y una emoción, la interpretación mental de la emoción en base a antecedentes, ámbito contextual, cultural, social…

En la actualidad ya nadie pone en duda que las emociones son condicionantes, agravantes y causa de múltiples trastornos y enfermedades. Pero, y si bien desde la medicina convencional y la psicología son abordados con tratamientos farmacológicos y terapias, se continúan tratando los efectos de las emociones y no las causas.

La controvertida afirmación de Carl G. Jung, «La enfermedad es el esfuerzo que hace la Naturaleza por sanarnos», es compartida por muchos autores (Hamer, Christian Fleche, Salomon Sellam, Enric Corbera, Marc Frechét…) quienes afirman que una gestión incorrecta de las emociones es causa principal de enfermedades.

El ser humano en el trascurso de su evolución ha olvidado conversar con su naturaleza interior. Por ello, no culpemos a nuestra biología por expresarse en un lenguaje que no recordamos. Prestemos atención a su mensaje manifiesto, la enfermedad, y pongamos los medios para evitarla o contrarrestarla.

La mayoría de las veces, las dolencias físicas vienen fundadas por la no expresión del dolor emocional. En psicología, una emoción o un sentimiento es una energía que necesita ser expresada. Cuando ésta se reprime, se imprime en nuestro inconsciente condicionando nuestras conductas y comprometiendo nuestra salud. A la emoción reprimida se la conoce como emoción oculta.
Esta emoción es la mayor causante de conflictos programantes, que condicionará nuestra conducta en situaciones análogas futuras y cuyo efecto acumulativo pondrá en riesgo nuestra salud.
Los niños observan y analizan constantemente las conductas de sus padres, su forma de hablar, prohibiciones, libertades, expresiones, placeres permitidos, placeres censurados… de las que deducen “cómo se debe vivir la vida”.

Mediante la socialización, las impresiones registradas inicialmente en el entorno familiar se amplían exponencialmente. El niño aprende qué pensamientos, sentimientos o emociones pueden ser expresados públicamente y cuáles no.

La emoción social por el contrario, es aquella que, en base a nuestras creencias, sí nos permitimos mostrar. Nuestro perro guardián le permite el paso, ya que sabe que socialmente serán, cuanto menos, admitidas (eluden el "qué dirán").

Así, la infancia es cuando las normas, pautas y creencias empiezan a fraguarse, siendo la madre el referente más próximo al niño. Por ello, dejo pendiente hacer una mención especial a la madre.

Por otro lado, el sistema y los medios de información y comunicación, utilizan nuestras emociones de forma arbitraria o conducida, haciéndonos sentir alegría, miedo, asco, ira o tristeza, con distintos fines e intereses comerciales. Pero más nocivo aún, es la difusión de vídeos e imágenes en las que se ve comprometida la dignidad, integridad y sensibilidad de las personas. Veamos algún ejemplo de videos donde algunas personas se caen o sufren, mientras que otros se ríen...



Pongámonos en la piel de quien "sufre" la caída, golpe o broma intencionada. ¿Te gustaría ser objeto de una experiencia similar? En caso de una caída fortuita, ¿qué reacción desearás ver en los demás? Tan sólo imagina el resultado de sumar un fuerte impacto emocionalal al daño o dolor físico.

Deberíamos transformar lo que nosotros consideramos "bromas", en humor verdadero: aquel en el que todos los involucrados se rían. Que alguien se asuste, se agustie o haga daño no debe ser un modelo que represente la diversión. Fomentar este tipo de aprendizajes, sobre todo en niños, puede pasarnos factura en situaciones reales en las que se precice un correcto control emocional.

Las emociones deben ser expresadas, tanto las positivas, alegría, entusiasmo, euforia (socialmente admitidas), como aquellas consideradas negativas, enfado, ira, miedo... Ambas llevadas a extremo no son admisibles, por ello trataremos de gestionarlas debidamente buscando el equilibrio.

Veamos algún ejemplo de videos más elaborados y que seguro nos hacen reír, sin que por ello ninguno de los involucrados se sienta ofendido o indignado:



Si queremos crear humor, hagámoslo de calidad, en tanto que "actores" como "espectadores" pasen un rato alegre y divertido. Cambiemos el enfoque, fomentemos el sentido común y hagamos un mundo mejor.

Las emociones se contagian, sean cual sean, ya hay muchos ejemplos... ¿Qué emoción quieres contagiar tú?

Para finalizar, recuerda:
  • Quien fomenta el miedo, siente miedo;
  • quien fomenta la ira, siente ira;
  • quien fomenta el asco, siente asco;
  • quien fomenta la tristeza, siente tristeza;
  • quien fomenta la sorpresa, siente sorpresa;
  • quien fomenta la alegría, siente alegría.

¿Qué emoción quieres fomentar?



Para más información, puedes remitirte al libro escrito por mí y que desarrolla de una forma más amplia todas mis investigaciones hechas hasta el momento:

sábado, 12 de diciembre de 2015

LIBRO «¡Atención!, niños jugando. Un cambio de sentido en la educación»

Libro creado para dar una solución real, basado en el sentido común y en numerosas investigaciones reconocidas sobre las emociones, una adecuada gestión emocional, entender mejor a los niños, empezando a entender el subconsciente, la neurociencia, comenzamos a entender las situaciones y conflictos del entorno familiar y educativo para ayudar mejor a nuestro futuro (los niños), tratar cada conflicto, establecer coherencia con la familia y la escuela, sobrellevar el día a día con un niño, el deporte y la competición como un elemento nocivo en nuestra sociedad (cuando no está enfocado de forma adecuada o en manos de personas sin los conocimientos adecuados), conocer las fases de la actividad física y las consecuencias de cada una... todo esto como consecuencia de las múltiples investigaciones que llevo realizando entorno a la neurociencia (un tema poco tratado actualmente y muy necesitado), medicina cuántica... siguiendo a innumerables autores (doctores, catedráticos, científicos...) con estudios evidentes e irrefutables científicamente entre otros muchos.

Así nace EL LIBRO, actualmente en su 3ª edición:

"¡Atención!, niños jugando. Un cambio de sentido en la educación"





Ya es hora de empezar a tomar un rumbo en nuestras vidas, y de entender nuestra realidad.

Conecta la imaginación, equilibra tus emociones,
observa el mundo desde el subconsciente,
y cambiarás tu mundo. 

Atención, niños jugando, pretende aunar criterios mal
entendidos o interpretados de forma arbitraria en la educación.

Empecemos a entender las emociones desde el subconsciente,
tal y como están programadas en la biología del ser humano. Es
hora de usar el sentido común y aclarar conceptos, entendiendo
el cerebro emocional, practicando actividad física para la salud,
presentando a los niños el juego como elemento de aprendizaje,
canalizando la agresividad que deriva en violencia en la infancia...

Libro práctico y de referencia para cualquier persona implicada
en la educación de un niño, con recursos eficaces que incluye
un método de resolución de conflictos para la correcta gestión
emocional, ya probado con excelentes resultados.

Una herramienta sencilla, directa y rápida para el educador,
que el autor implementa cada día en la comunidad educativa
y su entorno.


El libro ha sido creado para impulsar la conciencia colectiva en materia de educación. La educación está cambiando y mi deseo es acompañar ese cambio con herramientas en las que la coherencia sea el eje central.

Los niños son personas altamente capacitadas y nuestros mejores maestros. Están dotados de un potencial ilimitado que se ve seriamente mermado por nuestras dinámicas de pensamiento.

El libro está a la venta en Amazon en formato papel

Si decides adquirir el libro, cuando lo leas por favor, te animo a compartirlo, préstalo o dónalo, pues pienso que sería muy positivo que su contenido llegara a todas las personas que tratan con niños, sean profesionalmente o no.

En el libro presento aspectos y conceptos complementarios a la educación, de forma breve y concisa, desde la óptica de una nueva lente que nos ayudará a evolucionar como educadores y personas comprometidas con la educación de los niños. Entre otros, analizo y expongo:
  • Definiciones básicas con distintos registros sujetos a interpretación como aprendizaje, educación, enseñanza, sistema educativo, competición, socialización, consumismo, castigos, premios, nutrición...
  • Un método de resolución de conflictos o situaciones de violencia entre iguales, acoso escolar..., a través de una adecuada gestión emocional, que funciona al 100% (probado en un colegio con más de 400 alumnos (de 3 a 12 años).
  • El deporte como un concepto alejado de la salud; como control y manipulación social.
  • La actividad física, un gran desconocido, c´´omo entenderla mejor.
  • La madre, pilar central físico, psicológico y emocional del niño.
  • Etc.

La información contenida en este libro pretente crecer, completarse y mejorar junto tus opiniones y de la comunidad “educandoeldespertar”, que tanto nos aportan y enriquecen a todos.

La coherencia

El pilar más importante en la educación de un niño es la

“COHERENCIA”. 

La carencia de coherencia supone traumas y conflictos de una persona. 



Tiene que haber coherencia entre: 
  • padre-madre, 
  • maestra/o-padre y madre, 
  • profesor/a-padre y madre, 
  • televisión-padre y madre-maestro/a-profesor/a, 
  • entrenador extraescolres-padre y madre-maestro/a, profesor/a… 
  • televisión-madre-padre
  • Etc. 
 Estamos en incoherencia cuando hay una diferencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos. Algunos ejemplos: 
  • Aparentar lo que no somos. 
  • Hacer algo que no queremos hacer, pero “tenemos” que hacer (acción contrariada).
  • Querer hacer algo que "socialmente" está mal visto o que no nos dejan hacer (deseo contrariado).
  • Decir algo que realmente no sentimos. 
  • No expresar nuestro verdadero sentir interior... 
Desde el respeto a la libertad individual y hacia los demás, todo tiene cabida. 

Es de vital importancia que los padres sientan, muestren y fomenten la coherencia. El punto de partida está en el hogar. 

Padre y madre han de aprender a conciliar diferencias desde el respeto mutuo, sin que experiencias pasadas, conocimiento y prejuicios interfieran en la disposición de escuchar el punto de vista del otro. 

Es de vital importancia que los padres sientan, muestren y fomenten la coherencia. El punto de partida está en el hogar. 

Padre y madre han de aprender a conciliar diferencias desde el respeto mutuo, sin que experiencias pasadas. El conocimiento y los prejuicios no deberían de interferir en la disposición de escuchar el punto de vista del otro. 

El juicio NUNCA es una opción, en caso de conflicto nos falta información que aún no conocemos (ejemplo del choque con una persona en la calle, que luego era ciega), nos faltan datos que deberíamos tener siempre en cuenta. En caso de desacuerdo siempre es mejor llegar a lo que en ajedrez se denomina «tablas». 

Los desacuerdos entre las parejas deberían desarrollarse sin que el niño esté delante, pues estamos escenificando una escena llena de juicios y prejuicios, con situaciones de mucha inestabilidad emocional no controlada, que el niño aprenderá por aprendizaje vicario y no sabrá gestionarlo de forma adecuada en su futuro. 

Situaciones y personas que presentan incoherencia educativa: 
  • Familiares (abuelos, tíos…) 
  • Monitores 
  • Medios de información y comunicación 
  • Películas 
  • Videojuegos y juegos 
  • Juguetes 
  • Internet 
  • Chats (de cualquier tipo y medio) 
  • ...

La incoherencia la trata la ciencia a través de la disonancia cognitiva (Leon Festinger): Cuando dos de nuestras ideas entran en conflicto, o nuestros actos no son coherentes con nuestras palabras, generando una situación de angustia. 

Psico Vlog explica muy bien el término de disonancia cognitiva:


Esta disonancia o incoherencia genera emociones en “nuestra mochila”, y hace que presentemos inestabilidad emocional, provocándonos a la larga desajustes en nuestra forma de pensar, sentir y actuar (política, conocimientos a todos los niveles, ámbito sociocultural, religión, sociedad, economía, educación…). 

Estamos obligando a niños a pedir perdón por algo que no están de acuerdo, pues cuando pegan o cuando insultan es por un motivo que aún desconocemos y que tenemos que averiguar. 

Todos tenemos un motivo para actuar y hacer las cosas, aunque las formas no sean las más correctas, pero aún no han aprendido a gestionar las emociones (que tienen que ser expresadas). 

Hacer algo de lo que no queremos hacer lo llamaremos incoherencia, algo a tener siempre en cuenta en la educación… 

El mundo del niño está cambiando constantemente, estímulos nuevos, situaciones sociales entre iguales, conceptos nuevos… 

La mente, y sobre todo el subconsciente, del ser humano no está diseñada para buscar “la verdad”, está diseñada para proteger la vida, el resto es secundario (¿de qué serviría recolectar un alimento si nos caza un león?). 

Los niños nacen "buenos", son "buenos", no hay un niño que haya nacido con agresividad o con odio, sus emociones se van formando desde antes de la concepción (en función de las emociones de la madre que tiene instaurada en sus células…).  Hay miles de ejemplos de niños bondadosos, cariñosos, con ternura... quienes no actúan así es por sus circunstancias contextuales, su entorno familiar, lo que perciben por sus sentidos... en definitiva de lo que aprenden y de emociones mal gestionadas (más del 95% son incoherencias que generan rabia, frustración, miedo, tristeza...). Veamos un ejemplo de cómo muchas veces es la sociedad la que "obliga" a los niños a ciertas costumbres un tanto incoherentes:

Aquí vemos un ejemplo de disonancia cognitiva o incoherencia que tenemos en nuestra sociedad y que genera agresividad y violencia en nuestros niños, pues golpear "algo" para obtener un premio o beneficio (caramelos) ya no tiene mucho sentido. Veamos más ejemplos de incoherencias:
  • Golpear a un muñeco-piñata para obtener caramelos (ver vídeo).
  • Dar un azote en las nalgas o glúteos a un bebé nada más nacer (la madre lo tiene que ver como una acción "normal").
  • Tirar de las orejas a un cumpleañero/a. 
  • Cuando un niño se porta mal darle una nalgada o azote (el niño no lo entiende, sólo ve la rabia del adulto expresada en forma de dolor físico). 
  • Caerse intentando practicar algo y que otro se ría (típicos vídeos youtube llamadis "graciosos").
  • Costumbres tradicionales y culturales (tirar a una cabra desde un campanario; entrenar a un toro en base a la rabia, miedo, para leugo torearlo y después matarlo; lanzar tomates a diestro y siniestro a cualquier persona; etc.).
  • Etc.
 
¿Se te ocurren más ejemplos de incoherencia que genere agresividad en nuestra sociedad en los niños y niñas? Seguro que sí, porque nuestra sociedad está cargada de incoherencias

El mejor regalo que le podemos dar a nuestros hijos no se compra, no tiene marca ni envase, y puede tener el tamaño que queramos... transforma, une y se multiplica... regalémosle cariño, pues el cariño que les demos, ellos se lo devuelven multiplicado al mundo:







La enseñanza

La enseñanza pierde su finalidad si su destinatario no desea ser enseñado, como ya vimos con el aprendizaje. En éste, entramos los “educadores” en juego.

Como padres, somos el primer educador del niño. Tenemos que aceptar que nosotros no somos los dueños de nuestros hijos, fuimos el canal a través del cual ellos vinieron a este mundo, pero implícita en esta acción estaba la responsabilidad, entre otras muchas, de educarle y salvaguardarle. Además encontramos que los niños tienen derechos y obligaciones según el Código Civil español (arts. 154 y 155 respectivamente). 
El conocimiento, los valores y las dinámicas de interacción con él establecerán las bases sobre las que él construirá su personalidad y la imagen del mundo del que forma parte. Mundo, en el que de adulto tendrá que desenvolverse por sí mismo. 

Los niños aprenden de su entorno inmediato y lo que perciben a través de sus sentidos (principalmente vista, oído y tacto), por eso todo aquello que rodee al niño, sea persona, objeto o medio, va a determinar sus intereses y motivaciones (televisión, redes sociales, debates, opiniones, disputas, encuentros familiares, actividades extraescolares, expresiones artísticas…), ejerciendo una influencia en él, que mal enfocadas traerán a la postre consecuencias desafortunadas. Por eso, permitir que un programa de televisión, una película, un videojuego, determinadas descargas de internet… formen parte de la educación de nuestro hijo, es muy arriesgado, si no analizamos previamente los estímulos o mensajes que aportan. A veces, disfrazamos esta negligencia con la justificación de querer ver felices a nuestros hijos, o minimizando su influencia al clasificarlo de entretenimiento, pero esto puede resultar un elemento de alto riesgo que incluso afecte a su desarrollo físico (sistema nervioso, sistema neurovegetativo, sistema cardíaco, sistema inmunológico, aparato digestivo, respiratorio…), psicológico (interpretación perceptiva errónea, formalización de esquemas conceptuales equivocados, perpetuación de estereotipos y prejuicios, justificación de la violencia como forma de resolver conflictos…) y emocional (desajustes en las expresiones emocionales de ira, rabia, miedo, tristeza, sorpresa, asco o alegría). 

Es muy importante que, como padre, se entienda que lo que se “espera” de él va a condicionar su niñez, adolescencia, e incluso, su consolidación como adulto joven. Por tanto, debemos mantener bien diferenciadas nuestras expectativas, de las que tímidamente empezará a tener él. Los niños precisan orientación y dirección en un mundo que aún desconocen, por eso las normas son necesarias para ayudarles a entender principalmente el entorno social y familiar. Pero la norma que rige a todas es el amor. Un niño que se siente amado, es un niño seguro y emocionalmente equilibrado. Se siente aceptado, miembro del clan. 

Diferenciemos educación de enseñanza. Educación es todo lo que compete al niño de forma bidireccional, es decir, adulto y niño participan activamente en el aprendizaje de éste último, y conlleva necesariamente aprendizaje; mientras que la enseñanza es todo cuanto trasmitimos al niño de forma unidireccional, o lo que es lo mismo: el niño es objeto pasivo, y puede o no conllevar aprendizaje, o bien, en menor o mayor grado. 

Los niños no son ni malos ni buenos, simplemente son… 

Aprendamos de los niños a no tener juicio, pues el juicio lo incluye la sociedad adulta, los padres, la TV, las películas o dibujos animados… y siempre va en contra nuestra. 

Veamos un ejemplo de la mente de un niño, libre de juicio: 

«Desde los ojos de un niño»


Para terminar, quiero compartir la explicación que el maestro zen Thich Nhat Hanh (nominado para el Premio Nobel de la Paz, escritor de más de cien libros, poeta…) hizo sobre el ego y que ya publiqué en otra entra del Blog (http://educandoeldespertar.blogspot.com.es/2015/10/el-verdadero-sentido-de-la-socializacion.html). Es muy importante que lo tengas en cuenta, porque el sentido común, el cariño y la convivencia respetuosa son la unica forma de solucionar conflictos, aunque a veces duelan.


La violencia y las guerras ya nos han demostrado una y otra vez a lo largo de los miles y miles de años que lleva la raza humana en La Tierra que no solucionan nada, de hecho seguimos con miedo, violencia y países en guerra...,

...despertemos.



El aprendizaje

Al hablar de aprendizaje, también encontraremos innumerables marcos teóricos, cuyos autores desarrollaron sus hipótesis a lo largo de diferentes periodos históricos y contextos socioculturales. Por tanto, me ceñiré  al significado del término en sí.



Aprendizaje según Wikipedia es: “el proceso a través del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezas, conocimientos, conductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación”.

En el caso de los juegos, el aprendizaje se adquiere por la experiencia, la observación, el razonamiento y la instrucción, pero es el niño quien lo adquiere; nosotros debemos limitarnos a dirigirle y acompañarle. Para que el aprendizaje se produzca, se deben dar simultáneamente dos procesos cognitivos básicos: atención y motivación.

El niño tiene que querer/desear el aprendizaje, de ahí la importancia de la motivación, descrita como la energía que pone los engranajes del aprendizaje en marcha, y que hará que el niño mantenga la atención para procesar la información y no pierda detalle de lo que se le muestra.

Por mucha que sea nuestra motivación y empeño en la enseñanza, si el niño no tiene interés o presta atención, la enseñanza se hace muy cuesta arriba. Un ejemplo comparable e ilustrativo sería, tratar de hacer comer a alguien que no tiene hambre. El niño terminará finalmente comiendo porque le obligamos, mas le resultará indigesto y, a largo o medio plazo, rechazará ese alimento y a quien se lo impuso.

El aprendizaje sólo atañe a quien aprende, 
nunca a quien enseña,
por eso el educador tiene que convencer, nunca obligar.




La educación


Desde un centro educativo, conocemos muy bien el término educación, pues estamos trabajando por y para ella, cuando la educación por Ley, tiene que venir desde casa… ¿Por qué no la vemos diariamente en nuestras aulas? ¿Por qué tenemos conflictos todos los días? ¿Por qué no respetan y se respetan más los niños? Hay muchas preguntas y más que nos hacemos muchos días, pero la realidad nos deja muy claras dichas respuestas…



Cada familia tiene una forma de ser, una forma de pensar, una forma de educar… y si a eso le sumamos que en todas las familias hay conflictos (en TODAS, en la mía la primera), situaciones adversas que sobrellevar, historias y situaciones difíciles… dicha colaboración a veces se vuelve un tanto complicada. Todo esto sin tener en cuenta a niños y niñas con dificultades específicas, discapacidades concretas…

Veamos de forma rápida el término educación para unificar criterios (aunque ya lo conozcamos).
El término educación tiene un doble origen etimológico. Por un lado encontramos educare, vinculado a los significados “criar” y “alimentar”, y que normalmente se identifica con las tendencias educativas o acciones que de manera externa se llevan a cabo para formar, criar, instruir o guiar al individuo. Se refiere por tanto a las relaciones que establece el individuo con el ambiente.

Por otro lado, el verbo latino educere, significa “conducir fuera de”, “extraer de dentro hacia fuera”. Desde esta postura, la educación se entiende como el desarrollo de las potencialidades del sujeto basado en la capacidad que tiene en sí mismo para desarrollarse; más que la reproducción social, este enfoque plantea la configuración de un sujeto individual y único. 

 Estas dos vertientes nos ofrecen visiones contrapuestas, y según qué tendencia se decida seguir así estarás en coherencia o no con el sistema educativo imperante. Nuestro sistema educativo sigue la primera tendencia (“criar”), aunque hay mucha diferencia de opiniones en materia educativa y escolar hoy en día (distintos modelos educativos y escuelas, formas de pensar, autores, profesores, padres…), pero esta cuestión es argumento de otro debate distinto.

Para no evitar malentendidos, voy a basar el desarrollo de este apartado en la primera definición: criar, instruir y guiar al individuo; ya que pretendemos conducir un grupo de niños mediante juegos  guiados, ya que es la dinámica que, como conductores de la educación de los niños, utilizamos. Sin embargo, no olvidaré la segunda definición, porque la nueva Ley de educación LOMCE, en España, tiende a potenciar las capacidades individuales. 

Como educadores, es imprescindible y necesario trabajar en coordinada sincronía con los padres (también son educadores, son o deberían de ser los principales educadores), porque sin su ayuda o sin este trabajo de equipo, la brújula interior del niño pierde el rumbo lógico. La implicación de los padres no sólo se hace necesaria, sino que es de vital importancia. En este caso, y a modo de ejemplo, si un niño realiza juegos en la escuela con un enfoque desde el control emocional, y por las tardes, realiza entrenamientos deportivos con en un foque puramente competitivo y sin gestión de emociones, estamos incurriendo en incoherencia, produciendo desajustes en su educación y conflictos añadidos que se sumarán a su desarrollo de forma acumulativa.



Un cambio de paradigma

Un paradigma se consolida como tal, cuando las creencias que lo han conformado no son cuestionadas. Ciencia, economía, religión, política representan modelos de paradigmas ampliamente debatidos pero diligentemente aceptados.

Cualquier cambio debe partir de uno mismo, de igual manera que un viaje de mil kilómetros comienza con el primer paso.



Todos los grandes cambios se producen de abajo arriba, nunca al revés. No podemos esperar a que el Gobierno o los políticos arreglen cosas, o que surjan leyes que nos hagan mejorar nuestro día a día, el cambio sólo es responsabilidad de cada uno, si quieres un cambio, si quieres una mejoría, debes cambiar tú.

Para ello si tú cambias, harás caer la primera ficha del dominó de la vida que transformará tu entorno y nuestro mundo. No digas qué pueden hacer los demás para mejorar, sino qué puedes hacer tú para hacerlo posible.

Debemos estar en coherencia entre lo que piensas, sientes, dices o haces.

Debemos diferenciar entre la “cara social” y la “cara oculta” de cada emoción, y por tanto, sentimiento. Entendiendo por sentimiento el resultado de procesar intelectualmente una emoción o asociarla a un pensamiento. Estamos acostumbrados a mostrar nuestra cara social ante los demás, y luego en la intimidad de nuestra casa liberamos nuestro verdadero sentir.

Hemos concedido una importancia excesiva a la apariencia social en nuestras vidas. El temor a ser juzgados, evaluados y por tanto socialmente discriminados, sumada a los intereses comerciales que impulsan la competitividad y la exclusividad, amenazan nuestro sentido primario de filiación o pertenencia a un clan.

Dejemos de medirnos, renunciemos a compararnos, pero sobre todo, desterremos el juicio hacia los demás.

Cuando un niño nace, sus expectativas son ilimitadas, el techo a las mismas le viene impuesto por factores externos a él como los castigos, el miedo infundado, creencias limitantes… En definitiva, dependiendo de su contexto sociocultural, creencias de los padres, familia, tiene unas condiciones u otras.

Se hace necesario, por tanto, que seamos parte activa en la educación de los niños (junto a sus padres), y no nos conformemos con un resultado mediocre, sino extraordinario.

Recuerda: piensa, siente y actúa en coherencia. Sin juicios.

Una semilla contiene el potencial del árbol que está destinado a ser. Este destino está en manos de aquel que la plante y contemple las condiciones adecuadas para su germinación. Como educador toma esta analogía, y ayuda a desarrollar todo el potencial de nuestros niños. Ellos son los hombres y mujeres del mañana.

¿Puede haber mejor legado al mundo?