domingo, 14 de febrero de 2016

La Actividad Física para la salud

Actividad física es todo conjunto de movimientos del cuerpo que resulta un gasto energético mayor a la tasa de metabolismo basal.

La conciencia social actualmente confunde actividad física con deporte, incluso cuando los facultativos médicos recomiendan deporte, en realidad quieren decir actividad física.

Distintas investigaciones concluyen que la práctica deportiva puede resultar nociva para la salud, en tanto que la actividad física beneficiosa, contemplada dentro de unas pautas. El cuerpo está preparado para el movimiento, de hecho favorece distintas funciones fisiológicas reportando considerables beneficios físicos (regula la presión arterial, mejora el tono muscular, la flexibilidad y movilidad de las articulaciones, la respuesta inmunológica y la capacidad cardiorrespiratoria, aumenta la elasticidad muscular, incrementa la densidad ósea, da más energía y capacidad de trabajo…) y psicológicos (mejora el estado de alerta, incrementa la sensación de bienestar general, aumenta y fortalece la autoestima, mejora la calidad del sueño, disminuye el estrés mental…), entre otros.

Pero, ¿qué es salud? Nuevamente nos encontramos con un término extensamente utilizado, en ocasiones de forma ambigua. Por ello quiero compartir en este apartado la definición de salud elaborada por la OMS (Organización Mundial de la Salud):

“Es el estado completo de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
De la cual se deduce que un perfecto estado de salud es el resultado del equilibrio entre el plano físico, mental y social de la persona. Si uno de los tres se ve alterado, la salud o bienestar se resiente.
Una persona con una rutina de vida sedentaria no desarrolla una cantidad mínima de movimiento al día, por ello su cuerpo en su infinita capacidad adaptativa, se acomodará a dicho estado, regulando su actividad corporal y mental ralentizándola poco a poco. La tonicidad muscular disminuirá, podrá padecer alteraciones de sueño, digestivas, cansancio generalizado…

El movimiento, como ya he dicho, es necesario para facilitar el correcto funcionamiento del organismo, y así debe de ser, por lo que si debido a tu situación personal o laboral, eres una persona sedentaria o poco activa, te recomiendo pongas en práctica sencillas medidas que garanticen un mínimo de movimiento al día (aparcar el coche una manzana más alejada y terminar el trayecto caminando, subir escaleras en lugar de tomar el ascensor –no es tan recomendable bajar escaleras–, levantarse 10/20 minutos antes y realizar una rutina de ejercicios sencillos…). El cuerpo y tu mente lo agradecerán, y tú lo notarás. En realidad estas sencillas pautas pueden ser los primeros pasos para adquirir nuevos hábitos. Pero debo advertirte: No cometas la imprudencia de realizar un deporte o matricularte en un gimnasio un mes y luego abandonar toda actividad. Una vez tomada una decisión así, lo conveniente es realizar la actividad escogida de forma continuada. Este tipo de acciones son muy comunes y suponen para la persona sedentaria más perjuicio que beneficio. Las dietas es un buen ejemplo análogo. Si haces algo, tienes que estar motivado y convencido de tu decisión, evalúa previamente las repercusiones que este cambio tendrá en tu vida. En este caso, las cosas temporales no funcionan.

Toda actividad física que exija un aumento significativo de movimiento y tasa cardíaca, desviando a ésta del rango establecido como normal (50% de las pulsaciones máximas de cada uno; por ejemplo, 90 pulsaciones por minuto en una persona de 40 años, no entrenada) supone que el organismo se estrese y ponga en marcha mecanismos que acompañen esa demanda energética extra, produciendo entre otras sustancias, catecolaminas (adrenalina, noradrenalina, dopamina…) que son hormonas y neurotransmisores que se vierten al torrente sanguíneo para ayudar a nuestro sistema a afrontar la demanda de oxígeno y glucosa extra requeridos. Además, las articulaciones tienen que empezar a lubricar líquido sinovial (diartrodiales), el sistema termorregulador del cuerpo acumulará más sangre (restándola de otros sistemas, como la digestión), el sistema nervioso central focalizará la atención y otros procesos cognitivos básicos en la actividad en curso, restando recursos a otras actividades simultáneas… Y si además sumamos un componente emocional de miedo o ira, el cóctel puede resultar muy nocivo para nuestra salud (se marcha el autobús, llegaré tarde al examen/trabajo; pienso en sucesos negativos o que me preocupan mientras realizo la actividad…).

Nuestro organismo está dotado de un software perfecto para hallar el punto de equilibrio en cada situación (homeostasis). Pero un uso abusivo y continuado de este sistema perfecto puede hacer que se deteriore, y con ello nuestra salud.

Cada deporte debe contemplar una preparación física específica para compensar el desequilibrio bilateral, cráneo-caudal y anteroposterior físico que produce cada técnica específica, también debe tener una preparación y organización psicológica para contrarrestar posibles desajustes psicológicos y emocionales.
La actividad física es individual y personal, cada uno tiene un cuerpo con una fisionomía que responde de distinta manera, además de intereses y formas de gestionar las emociones específicas.

Si tu objetivo es la salud, y eres adulto joven o adulto maduro, la actividad física es la mejor opción, pero si eres niño tu único complemento debería ser sólo el juego o una actividad física lúdica... nunca deporte. Éste último solo es válido si te planteas otros objetivos distintos a la salud.

Para que la actividad física cumpla su objetivo de salud, tienes que seguir unos criterios mínimos, que si desconoces deberías solicitar a un facultativo experto en esta materia (licenciados en Educación Física, doctores en Educación Física, preparadores físicos especializados en actividad física y no en rendimiento deportivo). Sólo ellos están capacitados para informarte o instruirte debidamente.
Además, es muy necesario que a dicho acompañamiento físico exista una adecuada gestión de emociones, equilibrio psíquico y social, pues la actividad física conlleva un estado emocional y psicológico que debe gestionarse correctamente, y actualmente no todo el mundo está preparado para ello, pues en las Univesidades aún no hay una ninguna asignatura específica, ya muy necesaria desde hace mucho tiempo: “gestión emocional adecuada”.



Para más información, puedes remitirte al libro escrito por mí y que desarrolla de una forma más amplia todas mis investigaciones hechas hasta el momento:







 

martes, 9 de febrero de 2016

El deporte, la competición y el juego



Actualmente no existe una definición unificada de deporte. Así, desde el mundo científico al saber popular, cada cual habla de deporte bajo puntos de vista y enfoques muy distintos, pero que en las siguientes líneas espero aclarar.

A continuación detallo algunas de las definiciónes más comunes dentro del ámbito científico del término, y que muchos profesionales hemos estudiado y seguido:
  • “Deporte es toda actividad que conlleve juego, ejercicio físico, esté reglado y haya competición” ( J.M. Cagigal)
  • "Actividad física e intelectual humana, de naturaleza competitiva y gobernada por reglas institucionalizadas” (García Ferrando)
  • “Cualquier actividad, organizada o no, que implique movimiento mediante el juego con objeto de superación o de victoria, a título individual o de grupo” (Romero Granados)
Estas descripciones son sólo una muestra de innumerables definiciones más, que no se hacen necesarias para entender que el deporte conlleva competición, de hecho así lo establecen la mayoría, y por tanto rendimiento.

El deporte tiene multitud de usos y finalidades en nuestra sociedad actual, dependiendo de cada perspectiva y autor. Veamos algunas:
     - En función de la práctica (Cagigal):
  • Deporte praxis o práctica.  
  • Deporte espectáculo.
     - En función del adversario:
  • Deportes individuales.
  • Deportes de colectivos.
  • Deportes de adversario.
     - En función de su uso (VV.AA.):
  • Deporte escolar.
  • Deporte en edad escolar.
  • Deporte para todos (Carta europea del Deporte).
  • Deporte competitivo.
  • Deporte de iniciación.
  • Deporte adaptado.
  • Deporte pasivo (espectador). Los espectadores son los que mantienen el sistema deportivo competitivo y de espectáculo que hoy en día conocemos en nuestra sociedad. Sería recomendable evitar incluir a los niños en la dinámica de espectadores al menos hasta la edad de 12/13 años, incluso como practicantes de competiciones deportivas, hasta no haber adquirido un adecuado control y gestión emocional previos.
El deporte, bajo mi propia consideración y perspectiva, recoge una unificación de conceptos, que excluye cualquier influencia social o mediática. Por tanto, deporte es toda práctica que, en base a unas reglas, conlleve a una competición, a una competitividad, midiendo habilidades físicas o psíquicas, y por tanto conlleva un rendimiento.


Juego
 

El juego, está más ligado a una competencia, donde cada uno muestras sus habilidades, sin importar la medición o la comparación.

Como el juego también esta sujeto a muchas interpretaciones y definiciones, me centraré en una definición exclusivamente personal y profesional, basadas en mi experiencia, estudios y desempeño dentro del ámbito escolar, deportivo, de ocio y tiempo libre: 

El juego es toda aquella actividad que el niño, 
de forma individual o en grupo, 
 realiza de forma espontánea u organizada,
  y de cuya experiencia obtiene un aprendizaje, motivación o diversión. 
  
El juego es y debe de ser una vía de aprendizaje, de crecimiento personal, exploración y desarrollo desde la niñez hasta la edad adulta. De hecho, los humanos pertenecemos, junto a algunos primates, a las pocas especies que juegan de forma sistemática durante toda su vida. Normalmente, cuanto más avanzado está un animal en la escala biológica, mayor es el tiempo que dedica al juego durante su infancia (Groos, 1896). 


Juego vs Deporte

El origen filogenético del juego hace que cada especie lo adapte al medio en el que se desenvuelve. En nuestro caso, comúnmente en forma de situaciones figuradas, simulaciones, conversaciones… donde el niño prueba y mejora sus habilidades una y otra vez, sin que sea penalizado por ello. En el juego la competencia del pequeño mejora por momentos, y el proceso es lo más valioso, el resultado importa poco.

Mientras que en el deporte lo relevante es la competición y el rendimiento, las expectativas interfieren y se tiende a ensalzar a los más hábiles. El resultado se impone al proceso… Aquellos que se revelan menos hábiles o aptos, son apartados y desconsiderados. Los errores se penalizan y su evitación genera una tensión constante que altera el equilibrio emocional de la persona que realiza la actividad deportiva (sobre todo en el deporte espectáculo o pasivo).

Una reflexión al respecto: Si a quienes practican deporte se les debería llamar deportistas por definición… ¿por qué los medios de información y comunicación les llaman jugadores?

No tiene nada que ver el término deporte con el término juego, así como deportista y jugador. Son términos completamente diferentes, que la sociedad y los medios mezclan y hablan confundiendo a los receptores de la información (peor aún si son niños, pues están formando su personalidad y autoestima, y luego es muy complicado de corregir).

Estos términos y conceptos tienen un uso tan extendido que dependiendo de quién lo exprese, el motivo y el contexto en que lo haga, tendrá un significado u otro. Hablaremos de deportista cuando se practica un deporte (competición, medir, rendimiento), y de jugador cuando se practica un juego (competencia, aprender, disfrute).

Por favor, empecemos a hablar con propiedad, hagamos más sencilla la forma de entender las cosas. Las mezclas producen confusión, y la confusión inestabilidad.

Debemos transmitir el valor sano de la competición como una superación personal o grupal, inspirado en la colaboración y no en la medición que nos separa los unos de los otros.


Competición

No es nuevo afirmar que la competición surgió como una forma de medir habilidades, fuerza, conocimientos, belleza u otros aspectos entre personas, y por extensión de sus animales o cosas. Tampoco lo es decir que todos los seres humanos son diferentes entre sí, aunque pertenezcan a la misma especie llamada humanidad.

Lo novedoso es el esfuerzo que tratan de hacer algunos sectores de la sociedad y la cultura por eliminar la competición de las relaciones humanas, mientras otros sectores la alimentan.

La competencia sólo debe tener cabida dentro del concepto «autosuperación». Una búsqueda personal e interna de perfección en uno mismo, con la finalidad de aportar los descubrimientos hallados al mundo.

Debemos ser competentes, no competitivos. Mejorar como individuo aporta bienestar.

Tratar de ser mejores con respecto a otro genera estados emocionales que nos perjudican y pueden hacernos enfermar.

La competición es una herramienta que bien usada puede generar valores positivos (sólo en adultos), pero usada de forma descontrolada o inadecuada, generará un desajuste difícil de controlar, provocando sensaciones negativas tanto personales como en el contexto de la persona quien lo practica.

Casi todos los deportes tienen un alto valor competitivo, aunque su desarrollo sea en grupo o equipo, y sus miembros sigan estrategias y dinámicas de coordinación y cooperación. El objetivo final es siempre el mismo: el triunfo sobre el equipo “rival”. La conciencia general de hoy en día está anclada y orientada para ser los mejores, para ganar… cuando al final no se gana ni se pierde, simplemente se hacen unos puntos u otros, se obtiene un trofeo o no, se obtiene una remuneración económica o no... quien realmente se ve afectado es el ego de cada persona.

La competición puede y debe generar valores positivos, eso es cosa de todos.

 
¿Ganar – Perder?

¿Qué es ganar? ¿Qué es perder? ¿Qué significa para cada individuo?

Los adultos tenemos criterios muy distintos de estos términos, pero en el caso del deporte y de la competición ganar suele significar, y sobre todo para el subconsciente, "ser mejor", "más guay", "mírame a mí", "soy mejor que tú", "me quieren más", "euforia temporal", "soy admirado por los demás"... (muy vinculado con el ego). Ganar no implicar ser el mejor, ni mucho menos, simplemente implica que en ese momento, con esas condiciones has hecho una puntuación o superado un obstáculo frente a uno o varios adversarios, influyendo siempre muchos factores ambientales (climatología, terreno físico...), internos (emociones, tono muscular, afectividad, ámbito psicológico, personalidad...), casualidad, etc.

Por el contrario el término perder le dice cosas diferentes a nuestro subconsciente: "soy malo", "soy peor", "no sirvo para esto", "no me van a mirar amí", "me quieren menos"... Bajo esta consideración suele dejar una huella negativa y una falsa creencia que marcará su personlidad, autoestima y, por tanto, su futuro... No juguemos con el futuro de los niños...

Cuando un niño busca una victoria para él o de su equipo, no es negativo, siempre y cuando no haya riesgo físico, psicológico, emocional o social. Competir implica medir, tengamos en cuenta que todos somos diferentes, siempre habrá alguien que me gane en algo, así como yo ganaré en otras cosas...

Medirse y compararse no siempre hace sentir bien, por lo que animo a que los niños no se comparen, no compitan, pues aprenden valores incorrectos. Si por cualquier motivo compitiesen, no deberían sentirse mal en ningún momento, al igual que nunca hay que hacer sentir mal a nadie, pues las emociones, al fin y al cabo, son las que manejan nuestro presente.

Si un niño crece creyendo que siempre tiene que ganar (un fin), no aceptará "una derrota", crecerá creyendo que el mundo está para ser ganado y que todo hay que ganarlo, luchar para un fin. La vida es un continuo, no es ganar y ya, hay que recorrerla, hay que andar cada momento... hay que moverse, no debemos fijarnos sólo en el resultado, pues no vemos lo que tenemos alrededor, que es nuestro presente. La vida se refleja en nuestro presente, y muchas veces dejamos de observar a nuestro alrededor para observar a un futuro que parece no acabar de llegar.

Cuando por el contrario, un niño crece creyendo que hay que hacer las cosas lo mejor que se sepa hacer, para aprender cada momento, aprender de los errores, aceptar el proceso como una oportunidad de mejorar momento a momento, carente de todo tipo de miedo y castigos, aceptando los errores como caminos incorrectos, gestionando las emociones de forma adecuada... este niño generará un alto autoestima y una personalidad muy estable.



Trabajando la estabilidad emocional en la infancia

Los juegos son motivadores en sí mismos, no incluyamos la competición como elemento motivador: a ver quién llega antes, gana el equipo que consiga más puntos, el equipo que lo consiga es el mejor…

Recuerda: Cuando alguien gana, otro por ende tiene que haber perdido. Ganar implica conseguir algo que no se tenía (una puntuación?), y perder implica dejar de tener algo que anteriormente se tenía, por tanto, los niños con los juegos nunca van a perder nada, y por consiguiente no ganarán nada, sólo harán una puntuación u otra...

Los niños, por definición (hasta los 12 años), son emocionalmente inestables, están aprendiendo a controlar sus emociones; cuanto más pequeños más inestables. Necesitan aprender a gestionar sus emociones de forma progresiva y adecuada, aunque paralelamente necesitan crear y generar un alto autoestima, para poder fortalecer cada uno su personalidad y evitar desajustes emocionales que les hagan daño a ellos o a otras personas.

Si en su período de crecimiento, los niños se dejan llevar por situaciones inestables emocionales, por agresiones físicas o psicológicas mal gestionadas o por cualquier conflicto que afecte a su ego, baje su autoestima o altere su personalidad, estamos creando a un adulto potencialmente inestable emocionalmente y en búsqueda, de manera habitual, de mantener un autoestima alta a costa de medirse con otras personas, ser mejor que otros o sencillamente buscar una falsa creencia en que su bienestar depende de cómo le vean los demás... y este camino nunca tendrá un fín, pues el deporte genera adición muy difícil de controlar, y más aún si entras en una 4ª fase de actividad física (de difícil retorno).

Todo esto lo genera el término deporte y todo lo que conlleva (competicion y rendimiento), pues es una medición constante que los niños no pueden entender, sólo se dejan llevar por lo que los adultos les marcan.

Personalmente instaría a las autoridades a que revisasen las Leyes deportivas, pues es una herramienta muy poderosa que no debe de estar en manos de los niños (aún, pues el objetivo está algo lejos del sentido común en cuanto a desarrollo y crecimiento sano infantil).

El niño tiene que jugar, moverse y estar motivado para aprender. Todo juego, educación física, actividad física o ejercicio es necesario para que cada niño y niña crezca y se desarrolle de forma adecuada; somos seres creados para el movimiento, cada uno tiene sus habilidadades e intereses, por lo que se deberían favorecer.

El niño tiene derecho a:
  • Jugar,
  • divertirse,
  • aprender,
  • equivocarse siempre (tener permitido todo tipo de fallos y admitir consecuencias),
  • entender que toda acción tiene una reacción o consecuencia,
  • levantarse ante una caída,
  • ser atendido cuando se haga daño,
  • sentirse protegido en todo momento,
  • recibir ayuda cuando la pida,
  • ...
Por el contrario, el niño debe evitar:
  • Las palabras ganar o perder (porque nadie gana y nadie pierde, todavía no lo entienden. El subconsciente se está llenando de términos mal empleados, pues si siempre quieren ganar porque es lo que he aprendido, el niño aprende a imponerse ante otras personas y no acepta otras cosas o aprendizajes).
  • Practicar cualquier tipo de deporte (pues conlleva rendimiento y competición, y un crecimiento adecuado y sano implica una estabilidad en su crecimiento y desarrollo físico, emocional, psicológico y social, y el deporte no se lo puede aportar, porque en la atualidad no tenemos profesionales especializados en gestión emocional de la infancia preparados, porque tristemente no es una asignatura que actualmente exista en nuestras escuelas, institutos y universidades).
Tengo que remarcar que si por cualquier motivo un padre decide apuntar a su hijo o hija a practicar un deporte que por favor, lo haga con personas profesionales que les demuestren un control adecuado a su edad y con características psicoevolutivas adecuadas, que sepa gestionar de forma adecuada sus emociones y que no le de más importancia a la competición de la que realmente tiene (pues un niño no lo entiende facilmente).

Hay que tener en cuenta que actualmente, en España, no existe una Ley de regulación profesional del deporte (se sigue debatiendo sin ningún acuerdo), ni coherencia entre los propios profesionales del sector, ni trabajo multidisciplinar adecuado y coherente entre los sectores de la educación, deporte, economía, sanidad, religión... Por tanto nos toca a los padres opinar en materia de deporte, con la ayuda de una posible coherencia o serntido común en los centros educativos.

Desde este Blog abogo por acompañar un pequeño cambio en nuestra forma de pensar, para que no nos dejemos llevar por los medios ni por los demás, pues todos y todas somos personas altamente inteligentes, podemos decidir por nosotros mismos. La información está ahí, todo está en Internet, simplemente sé crítico contigo mismo y no te dejes llevar por los comentarios de nadie, haz y desarrolla lo que consideres, pero no olvides que si estás al cuidado de un niño, estás al cuidado de un potencial adulto de nuestro propio futuro...

Pregúntate, ¿cómo te gustaría que fuese tu futuro?... Pues actúa de forma coherente con los niños de hoy en día.

La educación es lo más importante en nuestra sociedad, es la base de toda especie humana, pues es el soporte de nuestro futuro, nuestro mañana...

Piensa: Si un niño crece bajo la influencia de una sociedad competitiva, donde la distinción es premiada o remunerada, negará las oportunidades de colaboración, aceptación y autosuperación. Intentará adaptarse a un entorno en continuo cambio, viviendo con angustia su posición ante los demás. Y al llegar a la edad adulta, su actitud competitiva formará parte de su personalidad, extendiéndose al resto de aspectos de su vida, como el trabajo, las posesiones, las relaciones sociales y de pareja, etc. Relegará su existencia al reto y la apariencia.

No quisiera terminar sin transcribir la cita del popular actor Will Smith:

“Gastamos el dinero que no tenemos,  
en cosas que no necesitamos, 
 para impresionar a gente a la que no le importamos”.


Recuerda siempre contar con profesionales cualificados titulados, que son quienes ofrecen calidad, conocimientos completos y seriedad, sobre todo con los menores, que están en un proceso de desarrollo y crecimiento no sólo físico, sino mental, emocional, fisiológico, social...



Para más información, puedes remitirte al libro escrito por mí y que desarrolla de una forma más amplia todas mis investigaciones hechas hasta el momento:

miércoles, 13 de enero de 2016

Método de resolución de conflictos


Un método es un procedimiento que se sigue para conseguir algo, o bien un modo ordenado y sistemático de proceder para llegar a un resultado o fin determinado.

Por tanto el método de resolución de conflictos es el procedimiento a seguir por todos, de forma coherente, para conseguir solucionar cualquier conflicto entre alumnos.

Al igual que instamos a los niños a hacer determinadas cosas (sentarse correctamente, formar fila, hacer tareas…), también podemos pedirles hacer sentir bien a otros niños, poner en práctica un método para resolver conflictos, mostrar cariño, solucionar diferencias sin enfados, expresar emociones en su momento y forma, etc.

Todo comienzo cuesta, y aprender e implementar cosas nuevas a veces se hace cuesta arriba, sobre todo cuando confluyen formas de pensar distintas. 

Es necesario insistir que después de trabajar de una forma determinada (el esfuerzo), con el tiempo se adquieren hábitos de trabajo, y estos se configurarán en automatismos (actuación automática), al realizarse de manera continuada… pero, para expresar conductas aprendidas de manera natural, toda la comunidad escolar deberá trabajar en la misma línea (padres, maestros y centro educativo… así como quienes traten directa o indirectamente con los niños).

Si los padres no colaboran desde casa, o no están muy convencidos por cualquier motivo, es muy fácil que el niño/a no use el método, o bien lo haga incorrectamente.

El método es muy sencillo. 3 son sus pasos:
  1. Soltar la emoción, expresarla hacia algo (nunca hacia nadie). Escuchar ambas partes.
  2. Expresar el sentir de cada uno (usando el cariño, hablando en primera persona, uno frente al otro, mirando a los ojos y sin perder el contacto visual)
  3. Frase reparadora.
 
El método de resolución de conflictos con mediador

1º. Previo a este paso es necesario que el brote emocional haya sido atenuado para poder acceder al razonamiento (expresar el dolor, gritar, llorar, apretar algo con fuerza, contar hasta 10...; ver el apartado de "expresión emocional" de más adelante). Posteriormente preguntamos a cada oponente su visión del conflicto en cuestión. Todas las versiones serán expresadas y escuchadas. El mediador debe hacer saber a ambas partes que tienen este derecho y su propio tiempo para hacerlo. En el caso de que estén alterados, es necesario calmar la situación previamente y hablarles con firmeza, pero con cariño. Esperaremos unos instantes hasta que la situación se normalice y así poder volver a abrir el canal perceptivo racional de los involucrados. Después, cada uno expresará los hechos o intereses, por turnos, en primera persona y mirando siempre a los ojos de la persona (es la vía de acceso al subconsciente) con quien tiene el conflicto. La parte contraria, por su parte escuchará sin interrumpir, sosteniendo la mirada y tratando de mostrar interés por las explicaciones prestadas. 

2º. Una vez expuestas las dos versiones, el educador-mediador reconduce la situación para que cada uno exprese su sentir al otro, en primera persona nuevamente, y anteponiendo la siguiente “frase mágica”:
Me he sentido mal cuando/ porque...

Para ello se sitúan enfrentados a una distancia de menos de 40 centímetros entre uno y otro, mirándose a los ojos y evitando siempre juicios innecesarios. El mediador instará a hacerlo de esta manera, tantas veces como sea necesario.

3º. Una vez se hayan expresado los motivos por los que se han hecho sentir mal, decir una frase reparadora, como:  
“No quería hacerte sentir mal”
“No era mi intención hacerte sentir mal”
"...pero me dejé llevar por la rabia porque/ cuando me hiciste/ dijiste..."


Esperar o decir simplemente “perdón” no soluciona mucho, no implica aceptación y entendimiento de la postura opuesta, sino sentimiento de culpa.
Luego se intercambiarán los papeles.
El resultado es realmente gratificante. Una mediación positiva, realizada desde el cariño, puede convertir una situación sumamente tensa en otra completamente distendida. El enfado se disipa y los niños vuelven a su actividad, como si el incidente nunca hubiese ocurrido.
Un elemento de ayuda es colocar la mano de quien está hablando en el hombro de la otra persona, pues este acto supone un refuerzo al mensaje oral o anclaje positivo (Programación Neurolingüística o PNL).
   
Muy importante, mediador: Las pasos de este proceso de mediación deben respetarse fielmente. Debemos prever el tiempo suficiente para llevarlos a cabo y resolver el conflicto. Interrumpirlo o posponerlo podría agravar la situación. 

Al principio cuesta implementar estas pautas de conducta, pero una vez establecidas, se adquieren hábitos correctos, que los niños aplican por iniciativa propia en sus continuos desacuerdos, sin necesidad de mediador. Mi experiencia en este tipo de actuaciones, dicta que dichos hábitos se consiguen adquirir después de meses de continuas prácticas, mas una vez fijados el aprendizaje es duradero. 

A modo de resumen (Resolución Óptima de conflictos):




Los resultados son extraordinarios

En ocasiones, y sobre todo en el caso de niños mayores (a partir de 10 años), la situación puede complicarse por la confluencia de otros factores ajenos a la propia disputa y no conseguir una mediación. Tal vez incluso, el desencuentro haya desembocado en una agresión o violencia verbal extrema. Llegado a este caso, y no viéndonos capaces de dar solución inmediata viable, con toda calma esperaremos a que las emociones afloradas bajen de intensidad, manteniendo a los implicados en la realización de alguna tarea conjunta, sentados… o incluso, animarles a que formulen su propia forma de solucionar el conflicto. Ellos lo pueden solucionar si tú crees en ellos.

En ausencia de iniciativas o negación a hablar o actuar, debemos hacedles saber que no seremos capaces de ayudarles si no permiten nuestra intervención, e informarles que no abandonarán el lugar ni realizarán actividad alguna, si el conflicto no es resuelto. Una vez entienden que todo desacuerdo ha de ser solventado y no postergado o guardado, poco a poco irán siendo cada vez más accesibles y conscientes de controlar y gestionar sus acciones, resultado de sus emociones.


La expresión emocional

Siempre que hay un conflicto existe una emoción que subyace: un comentario o una acción (intencionada o no) malinterpretada como una agresión hacia uno mismo, sin motivo aparente, que produce una reacción de “rabia”.

Algunos niños expresan la rabia de forma violenta, devolviendo el golpe, el insulto… otros simplemente callan, pero el dolor emocional queda y, como un vaso que se llena poco a poco, llega un momento que, completamente lleno, se desborda dando lugar a acciones  y conductas inadecuadas o poco deseables (introversión, apatía, asocial…).

En ocasiones, cuando la rabia o ira no puede ser expresada por el niño, se abre paso la tristeza a través de las lágrimas. Es muy importante entender que tras la emoción de tristeza se encuentra la rabia no expresada. El dolor de algo que no ha sido entendido.

Por ello, debemos fomentar en el aula técnicas que favorezcan la expresión de las emociones, principalmente la ira o rabia. Un ejemplo sería el uso de un cojín sobre el que el niño pueda gritar, e incluso, apretar para manifestar sus emociones, principalmente la ira o rabia. Deberá estar ubicado en un sitio visible y accesible. Lo podemos llamar el cojín de la rabia. Si no tenemos el cojín cerca, el niño puede usar la manga de un abrigo, una mochila… algo acolchado y cercano. Es prioritario que las emociones emerjan, máxime las menos saludables y dañinas como la ira o rabia.

El sentimiento de rabia es comparable al martillo que falla el golpe y acierta en el dedo que sostiene el clavo. El dolor no puede ocultarse e inmediatamente se expresa. Igualmente, la rabia debería salir, gritar si es preciso… pero ésta es una conducta socialmente poco o nada aceptada, así la tendencia es ocultarla, dar muestras de “valentía”, no llorar, sin quejas, ¿qué dirán?…

Lo incorrecto no es sentir rabia, sino ciertas maneras de expresarla.

Debemos aprender a canalizar esta emoción y dirigirla hacia un objeto neutro (el cojín). Permitir que la emoción se exteriorice y pierda fuerza, para después abordar la causa del conflicto que ha provocado dicha emoción con un método resolutivo.

La mayoría de conflictos presentes en el entorno escolar suelen derivarse de situaciones, acciones y comentarios mal interpretados: “me ha golpeado adrede”, “fue sin querer”, “no puedo confiar en él”, “se ha reído de mí”… Saber qué pensó, dijo o quiso hacer o decir la otra persona es un comienzo. Una vez que el desacuerdo o conflicto se ha dado, tenemos que intentar hacer ver a la otra persona cómo su acción o comentario ha hecho sentir, desestimando la intencionalidad y fomentar que la otra persona pueda neutralizar su acción con otra compensatoria.

La intención es cambiar la conciencia, la forma de resolver las cosas… al menos demos la oportunidad a la otra persona para expresarse, que explique su punto de vista, o se disculpe llegado el caso… pues si alguien nos hace daño y reaccionamos de igual modo, insultando o devolviendo el golpe, no solo no estaremos resolviendo le conflicto, sino que lo estaremos agravando. 

No se trata de quién o cómo ha empezado, sino de pararlo y disolverlo. Todos tenemos la capacidad de elegir. Elijamos ser conscientes y consecuentes con nuestras acciones y emociones.
“Dos no se pegan o discuten si uno no quiere”


La mediación

El educador actuará de mediador cuando las posiciones sean irreconciliables. Las reglas básicas de actuación son claras: Nunca se posicionará abiertamente por ninguna de las partes. Su enfoque será pasivo y vigilante para que la situación no se descontrole. Animará a los oponentes a moderar sus expresiones emocionales, comunicarse razonablemente y en primera persona (“yo me sentí mal porque…, cuando…”, nunca “ese niño me empujó, me dijo…, él me gritó y…”), pero siempre con cariño.

Insistiré una vez más: Coherencia.

Los procesos de mediación deben ser similares en todos los contextos, es muy importante actuar de la misma manera tanto en el colegio, en casa, en el parque… y no dar pie a patrones disruptivos. Nuestra prioridad es evitar que una emoción no expresada se anquilose y quede programada, solucionando los conflictos en el momento que se producen. 

El niño tiene que comprender que, para encontrar el punto medio o neutralidad ante una acción negativa, se debe realizar una positiva. Que ante una conducta que ha provocado malestar debe seguirle otra que produzca bienestar. 

La importancia de la figura del mediador radica en hacer entender a la persona que ha molestado o agredido que no ha actuado correctamente, y de las alternativas disponibles para solucionar las frustraciones, inquietudes o emociones negativas, sin que afecten a nadie. Las emociones deben expresarse, pero otras personas no son el vehículo adecuado. Desahogarse con un cojín carente de vida y emoción es positivo. Éste nunca devuelve las voces ni los golpes. Sin embargo la cosa cambia cuando el destinatario de la expresión emocional es alguien que merece respeto y consideración y que además… puede responder… aumentando el problema.

Tenemos que generar hábitos de pensamiento lógico antes de actuar.

La mediación siempre será una semilla que dejaremos en la mente del niño que no olvidará, sobre todo después de haber desarrollado un hábito de resolución de conflictos duradero. Por nuestra parte, la paciencia es una cualidad que tenemos que desarrollar, sobre todo en los casos más difíciles, pues si supiésemos la historia que subyace a veces tras un mal comportamiento, no cuestionaríamos jamás nuestros esfuerzos. Hay muchos corazones que anhelan que su llamada sea escuchada:
“Quiéreme cuando menos me lo merezca,
porque será cuando más lo necesite”.

Todos somos responsables de nuestras acciones y circunstancias, nunca culpables.


 
La estabilidad de una banqueta requiere de al menos 3 patas

Para que el método sea útil y provoque un automatismo en el niño, debemos aplicarlo todas las personas que estemos alrededor de éste.

Una banqueta puede servirnos como buen ejemplo análogo de estabilidad y equilibrio: Una banqueta es estable dado sus 3 puntos de apoyo principales o patas, en nuestro caso: los padres (1ª pata), el maestro (2ª pata) y el contexto escolar-colegio (3ª pata). Si además, podemos contar con un número indefinido de apoyos adicionales (familiares, amigos, distintos profesionales… involucrados directa o indirectamente en la educación del niño), podremos sumar una 4ª pata conformada por el conjunto de estos últimos. La física clásica nos advierte que si quitásemos una pata de las 4, la estabilidad del taburete se vería afectada, aunque continuaría sosteniéndose, pero si suprimiésemos 2 patas, la estabilidad se vería seriamente comprometida y la banqueta se volvería inestable.

En el aula un maestro no puede, ni debe trabajar solo, su trabajo debe ser apoyado y complementado por el resto del profesorado (especialistas y tutores de igual línea), padres e instituciones para alcanzar objetivos significativos y que perduren en el tiempo.

Aplicar el método es fácil, pues su implementación es novedosa, atractiva y, según qué situación, incluso divertida. Bien utilizado, ayuda a eliminar tensiones, malentendidos y enfados haciendo que los implicados en el conflicto se sientan bien. Pero, ¿qué hacer con aquellos niños y niñas que a expensas del método y la buena voluntad del educador inciden en conductas de otro modo reprendidas o castigadas?

Este es un punto importante, dado que quienes sí lo aplican, pueden decidir no hacerlo y volver a solucionar los conflictos por medios propios, al sentirse poco respetados y agredidos de forma continuada.

Si Carlos pega a Juan una vez y aplican el método, y Carlos vuelve a pegar a Juan, aplicándose nuevamente el método, y otro día, Carlos de nuevo pega a Juan… claramente hay algo que falla. Probablemente Carlos no haya entendido que el objetivo final del método sea cambiar la forma de percibir los conflictos y modificar las distintas maneras de actuar, o puede que se sirva del método para no ser reprendido o castigado, consecuencias finales de su conducta, si se recurre a otras vías de resolución de conflictos. En este tipo de casos el educador deberá modificar su estrategia a un enfoque distinto: acción-consecuencia. Es decir, éste informará a los niños que dispondrán de un número limitado de oportunidades de utilizar correctamente el método (3 por ejemplo), en caso contrario, éste quedará excluido del ámbito de implementación del método, quedando automáticamente a expensas del uso de otros más convencionales (acciones correctivas, privaciones de recreos, copiar…).

El cariño y la “libertad” de expresión no están reñidas con el respeto. Aunque pueda parecer que el método puede descontrolar las dinámicas de aprendizaje en el aula, una interacción abierta y transparente de las emociones puede marcar la diferencia en una educación de calidad.

El método tiene que ser aplicado tanto en casa como en el centro educativo. Funciona al 100%, ya está probado, pero si no se adquieren hábitos adecuados y se desarrolla un trabajo cooperativo entre todos los educadores, no alcanzaremos su objetivo.


Un ejemplo de aplicación en el aula

Como ejemplo, a continuación desarrollo una breve exposición del método de resolución de conflictos para trabajar en el aula (aunque hay muchas más opciones).

El ámbito de aplicación de método no se reduce al uso del mismo en situaciones de conflicto o desencuentros, sino que pretende ser un punto de inflexión en el aprendizaje del control y la gestión emocional del niño.

El niño deberá entender previamente que es relativamente fácil salir del método, (al agotar las 3 oportunidades dadas), pero será bastante más difícil retornar a él, dado que deberá demostrar su compromiso personal con el método para poder volver a participar en el mismo.

Estar en el método implica contemplar ciertas normas: 
  • Utilizarlo cuando hay un conflicto (el cariño será la base de cualquier problema).
  • Cuando se terminan las tareas se utiliza el momento de juego, rincones de juego o trabajo, juego libre (dentro de unas pautas)...
  • Dentro del aula se puede trabajar en grupo.
  • Se puede ir al baño siempre que lo necesite, y siempre de uno en uno.
  • Que los padres o familiares desde casa lo apliquen de igual forma, informando de cualquier conflicto que no resuelto o de cualquier otra incidencia o preocupación al maestro/a, para que éste colabore en su resolución. No debe quedar ningún conflicto sin tratar.

Estar fuera del método implica la aplicación de otros recursos convencionales, así como las normas implícitas en el Reglamento de Régimen Interior del centro (RRI):
  • Ante un conflicto el maestro/a ejercerá su autoridad por vías convencionales (acciones correctivas, reprimenda, amonestación).
  • Cuando se terminan las tareas no hay momento de juego, hay trabajo de aula (de refuerzo o ampliación).
  • Dentro del aula tiene que trabajar solo/a.
  • Sólo se puede ir al baño entre clase y clase.
  • Los padres serán informados de cualquier amonestación o falta, pudiendo ser citados por el tutor/a para corregir la actitud amonestada.
Que el maestro/a saque a un alumno del método, no debe verse como un castigo sino como una experiencia de contraste que el niño debe valorar por sí mismo.

Así mismo es de vital importancia, que aunque un niño determinado no se encuentre dentro del método, el maestro/a continúe tratándole con idéntico cariño que al resto de alumnos, con respeto, aunque con determinación y firmeza, pues en definitiva, él es quien, a través de sus acciones, eligió qué método debía ser aplicado con él.
   
¿Cómo entrar de nuevo a formar parte del método? El maestro/a deberá valorar si el alumno quiere formar parte del método o no. Además es esencial que los padres estén de acuerdo y participen desde casa, pues de otra forma se incurriría en formas de actuación diferentes y será muy fácil que el niño agote sus tres oportunidades y salga del método. Sería como sentarse en una banqueta de dos patas, un asiento inestable, que no se sostiene por sí mismo.

Nosotros los maestros y profesores participamos de forma temporal en la vida de nuestros alumnos. Los padres serán quienes verán la evolución y transformación de sus hijos en adultos. Ellos, por tanto deben elegir con objetividad qué tipo de educación es afín a sus expectativas, aunque deberán ser cautelosos con éstas, pues los niños suelen tender a cumplirlas fielmente.

No obstante, si se diese una falta de colaboración desde casa, el niño/a puede por su parte tratar de ponerlo en práctica. Tiene derecho a probar y mantenerse en él, pues en definitiva, son las acciones y no las palabras las que lograrán convencerle sobre sus beneficios. Entender las diferencias individuales de cada niño, sus preferencias y distintos ritmos de aprendizaje y expresión forman parte del método. 

Es el alumno/a quien decide en última instancia estar dentro o fuera del método.

No debemos olvidar que cuando un niño actúa de una determinada manera, o no usa el método de forma adecuada, puede ser una llamada de atención, motivada por la falta de apoyo en casa, o bien porque ha aprendido formas distintas de resolver discrepancias (aprendizaje vicario) y no sabe hacerlo de otra forma… Debemos tener en cuenta SIEMPRE que un niño puede aprender nuevas conductuas, y que nosotros, como maestros, DEBEMOS DE SER UN MODELO A SEGUIR por ellos. 

A lo largo de la historia de la humanidad, NUNCA se ha resuelto nada con la violencia, la única forma de cambiar actitudes y conductas es a través del autoconvencimiento, la comprensión, del cariño…

Si los educadores tuviésemos la oportunidad de trabajar de manera multidisciplinar y coherente con médicos, psicólogos, pedagogos, políticos, administradores, empresarios, etc… nuestra sociedad evolucionaría en todos los sentidos… los niños representan el futuro y son quienes recogerán de nuestra mano el testigo que continúe con nuestra labor.


El niño como persona de esta sociedad

Un niño puede aportar grandes cosas en la vida de aquellos que nos reconocemos como adultos: alegría, perseverancia, ilusión, curiosidad… habilidades y actitudes en ocasiones olvidadas o poco desarrolladas. Integremos al niño como al miembro más joven, pero de pleno derecho, en la sociedad en la que vivimos.



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lunes, 4 de enero de 2016

La importancia de la madre

Según una creencia budista cuando un alma decide encarnar en un cuerpo físico para vivir una experiencia humana precisa de otra alma generosa encarnada previamente que le facilite este tránsito. Y si bien a este acto la biología le ha restado relevancia, explicándolo en las aulas como el proceso germinal y embrionario producido naturalmente durante la gestación de un ser humano, los budistas afirman que dicho proceso no es tan llano como la ciencia explica. Así es como, en la inmensidad de la creación universal, el ser humano busca ser alumbrado por otra alma, a la que amorosamente se le llama madre.


En nuestra experiencia terrenal, el papel fundamental de la madre no termina con el alumbramiento, sino que se extiende durante toda la vida del nuevo ser humano, proporcionándole cuidados y alimento, fundamentalmente durante la infancia de éste, con dedicación más o menos plena y de manera completamente altruista.

Desde una perspectiva biológica y social, la madre es el referente de mayor influencia en el niño desde su nacimiento hasta los 6/7 años. Ella será con quien el niño establezca un vínculo de apego, primordial para su interacción con el medio próximo que le rodea. Mayormente, ella es la protectora, la sustentadora de alimento, quien atenderá todas y cada una de las necesidades básicas del pequeño, ya sean físicas o emocionales. Así, de igual modo, he de mencionar que durante esta primera infancia la figura del padre es esencial, pero secundaria. Su actuación cobrará especial importancia en un periodo posterior de la infancia del niño, a partir de los 7 años aproximadamente. Él será quien, real o metafóricamente hablando, exponga al pequeño al mundo social. El padre acompañará sus aprendizajes dirigidos a la comprensión y actuación en el medio externo al entorno familiar.

Realmente la representación y función de ambos progenitores ha sido ampliamente debatida, atendiendo a diferentes épocas y contextos sociales, culturales, religiosos, económicos e incluso políticos, si bien desde mi punto de vista, dos son los enfoques sobre los que se centra la atención de esta cuestión: uno atendiendo a aspectos básicos de la biología del ser humano y un segundo referido a la implicación social del individuo.

De forma fácil de entender, desde la lente de la biología, nuestra conducta como especie no debería diferir de otras análogas en el medio natural. Si nos remontamos a la época de las cavernas, la mujer permanecía resguardada en la cueva alimentando, instruyendo y protegiendo a sus hijos, mientras que el padre salía al exterior en busca de caza, ahuyentaba depredadores y garantizaba la seguridad de los suyos frente a clanes rivales. Cuando el niño alcanzaba una edad en la que su fortaleza, habilidad y agilidad le permitían acompañar al padre, éste era quien tomaba las riendas de la formación de su hijo. Por tanto, la acción conjunta de ambos progenitores, aseguraban la supervivencia de su descendencia.

A medida que el hombre evolucionaba y establecía cada vez estructuras sociales más complejas, las funciones de ambos progenitores han ido variando, especializando y adaptándose al contexto en el que se desarrollan. Así de forma generalizada se establecieron roles propiamente femeninos y masculinos, que aseguraban igualmente la supervivencia de sus vástagos, y los cuales han mutado en la misma medida en que una sociedad concreta cambia o evoluciona con el tiempo.

Numerosos estudios apuntan que son los primeros 6 años de un niño los que conformarán de manera casi inmutable los cimientos del importante edificio que sustentará su personalidad y conductas futuras, por ello debo hacer hincapié en la figura de la madre. Ella es la fuente de referencia más cercana y principal de la que el niño beberá…
   
Pero además debo añadir otro dato de mayor relevancia aún, si cabe. Según actuales disciplinas de investigación como la Bioneuroemoción® (Enric Corbera), Descodificación Biológica, Desprogramación Biológica (Ryke Geerd Hamer, Marc Fréchet, Groddeck y Claude Sabbah…) y destacados investigadores del campo de la psicología como Anne Schutzenberger, afirman que distintos patrones de conducta e información, de los cuales el niño será receptor, se fraguan antes incluso del nacimiento de éste, unos 9 meses aproximadamente antes de su concepción. Será pues, desde este momento, donde pondremos especial atención y de manera particular al entorno y circunstancias que rodeen a la futura madre, ya que serán sus experiencias vividas con alta carga emocional las que condicionarán la personalidad y patrones conductuales de su bebé. Al periodo de tiempo trascurrido desde los 9 meses anteriores a la concepción, la gestación, el nacimiento y las condiciones que rodearon a éste, así como los 36 meses posteriores al alumbramiento es definido como Proyecto Sentido.

Toda la información que procese la madre, máxime si es acompañada de emociones tales como rabia, miedo, ira, tristeza, asco… se registran a nivel celular siendo trasmitidas de manera irremediable al bebé. En los primeros años de vida del niño serán los receptores insertados en la membrana celular de cada célula corporal del niño, los que perciban la información del medio externo (véase investigaciones sobre epigenética realizadas por el Dr. Bruce Lipton). Así y teniendo en cuenta estos datos, no debemos desestimar ningún detalle del Proyecto Sentido de nuestros hijos.

Que una persona adulta no consiga evocar de forma consciente ciertos recuerdos, no significa que estos no existan o hayan desaparecido. Muy al contrario, como ya he mencionado, hechos ocurridos y almacenados en la memoria con alto componente emocional, pueden haber sido bloqueados o reprimidos, y condicionar nuestra vida de forma significativa. Por ello sirva este apartado para hacer un llamamiento a las madres, fundamentalmente, para que relaten abierta y sinceramente cuantos hechos relevantes hayan ocurrido durante el Proyecto Sentido de sus hijos, con el fin de ayudarles a comprender e integrar aspectos fundamentales de su periodo infantil que puedan ocasionar o estén ocasionándoles serios problemas en su etapa adulta.

El miedo, la vergüenza o la culpa no deben ser obstáculo para tomar esta decisión. Estas emociones coartan nuestra evolución y nos dañan. No seamos nuestros propios jueces y verdugos. Expresemos nuestras emociones. Con seguridad sentiremos que nuestra carga es más liviana y evitaremos que nuestros hijos la hereden.

Te invito a que compartas tus emociones ocultas con tu hijo. Cuanto más pequeño sea, tanto mejor, aunque creas que no tiene capacidad para entender tus palabras, recuerda que su mente subconsciente lo registra y entiende todo. Si el niño tiene una edad que pueda comprender tus explicaciones y temes su reacción, mi sugerencia es que le hables directamente a su subconsciente, cuando su mente consciente esté relajada, pero aún receptiva.

Madres, sed valientes.
Seámoslo todos. 

Expresemos nuestras emociones.



Para más información, puedes remitirte al libro escrito por mí y que desarrolla de una forma más amplia todas mis investigaciones hechas hasta el momento: